El attention span maxxing
o cómo recuperar la capacidad de concentración
Cómo los algoritmos transforman nuestra atención y por qué recuperarla se ha vuelto un desafío cotidiano
Jorge Daniel Filorio Pedraza
Una pareja ocupa una mesa junto a la ventana de un restaurante. El mesero deja dos platos de pasta y desea “buen provecho” antes de retirarse. Ninguno de los dos responde.
Ella sostiene el teléfono con ambas manos y desliza el dedo sobre una sucesión interminable de videos. Él hace lo mismo. La comida empieza a enfriarse. Por momentos levantan la vista y sus miradas apenas se cruzan antes de volver a la pantalla.
Escenas como esta son el resultado visible de una batalla silenciosa que el mundo digital ha librado durante años por captar cada segundo de la atención humana. Hoy, pese a ello, comienza a tomar fuerza una corriente que plantea el movimiento inverso, es decir, entrenar la mente para recuperar la capacidad de concentrarse por más tiempo. Es lo que en redes sociales se conoce como attention span maxxing.
En los últimos meses, redes sociales como TikTok, Reddit y YouTube popularizaron el concepto. No es una terapia ni una técnica científica, sino una corriente que reúne estrategias para recuperar la concentración a través de hábitos y recomendaciones difundidas en Internet.
Sin embargo, detrás de esa tendencia aparece una pregunta más profunda, ¿estamos perdiendo la capacidad de enfocarnos o el cerebro aprende a funcionar de otra manera? Para la doctora Paola Hernández Chávez, profesora investigadora del departamento de Administración de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Azcapotzalco, el interés por este fenómeno no nace por casualidad.
En los últimos años, explica, la comunidad científica observó con preocupación cómo la sobreexposición a estímulos digitales modifica la forma en que las personas atienden su vida diaria.
Más que una moda, señala, el attention span maxxing externa la necesidad de fortalecer la atención sostenida y recuperar el control cognitivo frente a un entorno lleno de notificaciones, múltiples pantallas y una oferta casi inagotable de información.
La académica indica que esta inquietud antecede a la inteligencia artificial (IA). Desde hace años la investigación científica analiza cómo Internet transformó la mente, pero el actual ecosistema digital intensificó el fenómeno. Ahora, ejemplifica, conseguir leer el capítulo de un libro es todo un reto por el bombardeo de mensajes, videos y alertas que compiten sin tregua.
Si bien reconoce que el cerebro posee una enorme capacidad de adaptación, advierte que no existe evidencia suficiente para afirmar que ese ajuste resulte favorable en entornos escolares y profesionales.
El negocio de la economía digital
La investigadora menciona que habilidades como la lectura, la escritura, el razonamiento matemático o la resolución de problemas complejos requieren largos periodos de entrenamiento y repetición. Por ello, cuando el pensamiento se fragmenta de manera continua, también se afectan procesos fundamentales como la memoria de trabajo, indispensable para consolidar conocimientos y construir saberes duraderos.
Entre los hallazgos científicos a destacar, menciona el trabajo de la doctora Gloria Mark, de la Universidad de California, Estados Unidos, quien desde 2004 documentó cómo el tiempo de enfoque en una sola tarea pasó de dos minutos y medio a menos de un minuto antes de sufrir una interrupción o un cambio de actividad.
La profesora enfatiza que esa disminución no significa que las personas sean menos inteligentes, sino que el interés se dispersa con mayor facilidad. Revela que el cerebro alterna entre un control voluntario, necesario para aprender, y una respuesta reactiva que actúa de forma automática ante luces, sonidos o notificaciones.
Cuando esta última predomina, mantener el esfuerzo mental y consolidar el aprendizaje resulta difícil. “Para comprender, recordar o ejercer con éxito una actividad, primero debemos evitar que los distractores interrumpan el proceso”, afirma.
La neurociencia revela qué ocurre dentro del cerebro y la comunicación ayuda a entender por qué sucede. El doctor Edgar Esquivel Solís, investigador del departamento de Ciencias de la Comunicación de la Unidad Cuajimalpa, sostiene que la atención dejó de ser solo una capacidad humana para convertirse en uno de los activos más valiosos de la economía digital.
Esto último significa que cada segundo que una persona pasa frente a una pantalla tiene un valor para las plataformas, no porque busquen perjudicar a los usuarios, sino porque su modelo de negocio depende del tiempo de permanencia.
Para lograrlo, dice el académico, las aplicaciones incorporan mecanismos psicológicos similares a los de las máquinas tragamonedas, es decir, ofrecen un sistema de recompensas impredecibles que liberan dopamina y generan gratificación inmediata.
En ese tenor, funciones como el scroll infinito, las alertas continuas, la reproducción automática y el miedo persistente a perderse experiencias, eventos o información que otros están disfrutando o compartiendo (FOMO, por sus siglas en inglés, Fear Of Missing Out), buscan prolongar al máximo la conexión.
Desde esa perspectiva, el attention span maxxing es una respuesta social frente a un entorno donde el tiempo del usuario tiene valor económico. “Cada búsqueda, cada click y cada segundo frente a una pantalla generan datos para conocer mejor nuestros hábitos”, subraya.
El reto central es fortalecer el control
El profesor Esquivel considera que el reto no consiste en demonizar las redes sociales ni en promover una desconexión total, sino en comprender cómo funcionan para decidir con claridad dónde colocar nuestro pensamiento.
Esa idea coincide con las investigaciones de la doctora Gloria Mark, quien plantea recuperar la capacidad de trabajo con ritmos acordes con la energía mental, en lugar de renunciar a la tecnología.
El fenómeno también llama la atención de organismos internacionales. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) resalta que más de la mitad de los países restringen el uso de teléfonos celulares en las escuelas para proteger el aprendizaje, mientras que el Pew Research Center documenta que 38 por ciento de los adolescentes reconoce que pasa demasiado tiempo usando su teléfono inteligente, y 6 de cada 10 usan plataformas de redes sociales de forma frecuente.
Por ello, los jóvenes buscan mecanismos para restar tiempo a sus aparatos. Tal es el caso de Jacqueline Valeria Aguilar Rubio, estudiante de Diseño de la Comunicación en la Unidad Xochimilco. Ella, una alumna de 20 años, desarrolló sus propias estrategias para concentrarse.
Antes de estudiar descarga los materiales, activa el modo concentración en su tableta, apaga las notificaciones y convierte sus apuntes en diagramas, tarjetas y memoramas elaborados a mano para concentrarse.
La experiencia de Alejandra Granados Hernández, estudiante de Comunicación Social de la Unidad Xochimilco, da cuenta de otra forma de relacionarse con las herramientas digitales. Cuando necesita estudiar consulta primero a sus compañeros, busca información en Internet y utiliza la IA para resumir documentos extensos antes de elaborar sus propios apuntes.
No obstante, reconoce que mantener la disciplina no siempre resulta sencillo. Alejandra recuerda que, en alguna ocasión, mientras realizaba un trabajo en equipo, las alertas de WhatsApp distrajeron al grupo durante varios minutos. Tras ese episodio, cuando una entrega es urgente opta por dejar el móvil sin batería.
Otro distractor identificado por la alumna de 19 años es el algoritmo. “Ves un video que te gusta y la plataforma empieza a mostrarte otros parecidos. Cuando te das cuenta ya pasó mucho tiempo”.
Frente a este tipo de escenarios, la doctora Hernández Chávez sostiene que el reto central es fortalecer el control ejecutivo, es decir, la capacidad de fijar una meta, retomar la tarea tras una interrupción y sostener el enfoque. Sin este proceso, la lectura, la escritura y la comprensión de información se vuelven difíciles.
Ejercitar el cerebro es fundamental
Desde la comunicación, el especialista Esquivel Solís plantea que la respuesta no es rechazar las redes, sino desarrollar alfabetización digital, que significa entender cómo funcionan las notificaciones, los algoritmos y el desplazamiento infinito para tomar decisiones informadas y recuperar el control sobre el tiempo.
En México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 84.6 por ciento de la población de 6 años en adelante utiliza teléfono celular y 8 de cada 10 personas cuentan con un teléfono inteligente de uso personal, lo que evidencia la alta integración de estos dispositivos en la vida diaria.
Ante esta situación, ejercitar el cerebro es fundamental. Para fortalecer la concentración, la doctora Hernández Chávez recomienda practicar meditación enfocada, hacer ejercicio aeróbico, cuidar el sueño y enfocarse en una sola tarea a la vez; mientras que el doctor Edgar Esquivel aconseja retomar hábitos como escribir a mano, leer con profundidad, fomentar el diálogo en persona.
Las pantallas seguirán encendidas, las notificaciones continuarán en nuestros dispositivos y los algoritmos analizarán cada vez más información sobre los usuarios. La diferencia estará en adquirir esa misma rapidez para recuperar el control sobre el único recurso que ninguna aplicación puede devolvernos, el tiempo que dedicamos a prestar atención fuera del entorno digital.



