Foro articula entorno, energía, cuidados y continuidad universitaria
La quinta edición reunió experiencias comunitarias, soberanía alimentaria, transformación ecológica y políticas públicas enfocadas en garantizar el derecho a estudiar
Maribel Lozoya Escalante
Colocar la vida, el entorno y las necesidades colectivas por encima de la ganancia orientó el 5to. Foro para Repensar la Economía Social y Solidaria, efectuado en la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En la inauguración, la doctora Esthela Irene Sotelo Núñez, secretaria general de la UAM, vinculó el encuentro con el Plan de Desarrollo Sostenible ante el Cambio Climático 2022-2030. Explicó que esta casa de estudios impulsa mecanismos agroalimentarios sustentables, dietas saludables y circuitos de suministro equitativos desde el Centro Articulador para la Sostenibilidad Alimentaria, Casa UAM.
El Auditorio Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez congregó a autoridades, docentes, estudiantado, cooperativas, agrupaciones y productores bajo el tema Territorios, cuidados y soberanía alimentaria para la regeneración de la vida. Sotelo Núñez sostuvo que el conocimiento adquiere sentido cuando mejora situaciones concretas y se convierte en propuestas útiles para las comunidades.
A lo largo de la jornada, la Feria Agroecológica de Economía Solidaria acercó al público artículos, proyectos e intercambios directos.
Tras la ceremonia inicial, el doctor José Antonio De los Reyes Heredia, exrector de la UAM, inauguró las conferencias magistrales con una exposición sobre la transición energética comunitaria. Partió de la reducción de emisiones, independencia del suministro de energía, el aprovechamiento de residuos y la formación de cadenas de valor rurales.
El investigador de la Unidad Iztapalapa presentó la experiencia de Tanlajás, San Luis Potosí, municipio afectado por la falta de electricidad, agua e infraestructura, lo que limita la productividad, atención sanitaria y bienestar familiar. Una iniciativa respaldada por la Casa abierta al tiempo, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y el entonces Conahcyt creó un centro ecotecnológico relacionado con la caña de azúcar y el piloncillo.
Dicha propuesta se construyó a partir de diagnósticos, acuerdos con trabajadores del campo, diálogo ejidal y respeto por saberes tének. La colaboración mejoró trapiches, procesos térmicos y sistemas de molienda; incorporó fuentes solares, redujo desperdicios y generó alternativas para obtener fertilizantes, alimento animal, bioetanol u otros derivados. También permitió diseñar prototipos, elevar la calidad de la elaboración y buscar alternativas frente al intermediario.
En su oportunidad la doctora Delia Patricia Couturier Bañuelos, coordinadora de la Red Institucional para el Fortalecimiento de la Economía Social y Solidaria (RED IFESS), abordó los límites del modelo dominante. Describió el territorio como tejido vivo en el que surgen identidades, vínculos de apoyo, autogestión y defensa de bienes comunes.
La también profesora de la Unidad Xochimilco colocó las labores de apoyo en el debate económico. Alimentar, criar, sanar, acompañar, consolar o enseñar sostiene cualquier actividad productiva, aunque esas labores han recaído a lo largo de la historia en mujeres, con escaso reconocimiento y condiciones precarias. Su análisis propuso entenderlas como derecho colectivo, asumir la interdependencia humana y distribuir responsabilidades a partir de redes colaborativas, entidades solidarias de servicios y marcos normativos con financiamiento y protección.

Más tarde, el profesor doctor Gustavo Pacheco López, rector general de la UAM, planteó incorporar el bienestar estudiantil al enfoque universitario junto con aprendizaje e investigación. Indicó que alimentación, vivienda, transporte, salud mental y tareas familiares influyen en el ingreso, permanencia y conclusión de su carrera universitaria.
Pacheco López recordó que, de 2.5 millones de personas inscritas en primaria durante 1999, alrededor de 500 mil llegaron al nivel superior 17 años después. El mayor quiebre aparece en bachillerato, donde 400 mil abandonan, mientras una cifra semejante queda sin acceso a la licenciatura. Esos recorridos escolares responden menos al desempeño académico que a barreras financieras, institucionales y territoriales.
Para contrastar, expuso el esquema alemán de asociaciones civiles llamadas Studentenwerke, encargadas de atender requerimientos financieros, habitacionales, culturales y clínicos sin competir con fondos destinados a docencia o actividad científica. Su presupuesto suma 2 mil 400 millones de euros, cubiertos con ingresos propios, aportaciones juveniles y subsidios públicos.
La falta de un diagnóstico nacional, sugirió una encuesta sobre circunstancias socioeconómicas del alumnado: cómo financia su carrera, dónde vive, cuánto trabaja, a quién cuida y qué problemas médicos enfrenta. Esa información permitiría desarrollar medidas diferenciadas, flexibilizar recorridos escolares y construir un ecosistema de calidad de vida con participación de la población inscrita, docente, administrativa, gubernamental y colectiva.
La jornada dejó una ruta compartida, regenerar la existencia exige unir saberes, cooperación, justicia territorial, corresponsabilidad y decisiones públicas capaces de asegurar la continuidad educativa, sin excluir a quienes más necesitan.


