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La discusión ya no es usar tecnologías generativas, sino guiarlas

Investigadores de FLACSO México compartieron experiencias sobre los sistemas generativos en la educación superior


Rodrigo Peredo Rangel

La inteligencia artificial generativa ya forma parte de la vida cotidiana del alumnado, docentes e investigadores. Ante este panorama, el desafío para las Instituciones de Educación Superior (IES) rebasó la decisión de si debe utilizarse, sino en establecer criterios para encauzar su uso, afirmaron especialistas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO México) en la conferencia magistral IA generativa en la educación superior: experiencias institucionales, desafíos y aprendizajes en una facultad de ciencias sociales.

La actividad realizada en el foro Hacia la gobernanza de la Inteligencia Artificial en la UAM contó con la participación del doctor Oscar Fontanelli Espinosa y las doctoras Danay Quintana Nedelcu y Ligia Tavera Fenollosa, quienes presentaron los resultados de encuestas, grupos focales y ejercicios de consulta realizados entre integrantes de su comunidad universitaria.

Fontanelli Espinoza explicó que la investigación les permitió saber que la irrupción de herramientas como ChatGPT modificó de forma acelerada las dinámicas de enseñanza, investigación y proceso formativo. Recordó que, con base en datos de la Encuesta Nacional sobre Inteligencia Artificial en Educación Superior, alrededor del 70 por ciento de los estudiantes y profesores utilizan estos desarrollos en actividades académicas. “Entonces, la pregunta ya no es si lo están usando o no. Sí, en gran medida y de muchas formas”, señaló.

Derivado de un cuestionario aplicado en FLACSO México, los especialistas identificaron que gran parte del alumnado recurre a estos sistemas para procesos de escritura, traducción, corrección de estilo y generación de ideas. Detectaron su empleo constante como apoyo en matemáticas, estadística y programación.

Fontanelli detalló que este hallazgo permitió identificar lo que denominaron una “brecha cuantitativa”, relacionada con las diferencias en la formación matemática y estadística de quienes provienen de disciplinas como sociología, antropología, economía o ciencia política.

Las consultas realizadas entre integrantes del sector académico revelaron preocupaciones relacionadas con la privacidad de los datos, las denominadas “alucinaciones” de los sistemas de IA y la posible pérdida de autoría en la producción de textos.

De acuerdo con los testimonios recabados, algunos alumnos manifestaron inquietud porque, aunque las ideas originales sean propias, el resultado final puede adquirir una voz distinta. “La voz no es mía, es la voz de un robot”, relató el académico al compartir algunas de las respuestas obtenidas.

Frente a este escenario, la doctora Quintana Nedelcu puntualizó que FLACSO México optó por construir una propuesta de principios rectores a partir del diálogo con su colectividad, en lugar de establecer prohibiciones o restricciones generales.

Mencionó que la iniciativa derivó de observar que profesorado, alumnos, personal administrativo, áreas editoriales y bibliotecas enfrentaban dudas similares sobre la aplicación de tales recursos y demandaban directrices claras para su incorporación. “Estamos de acuerdo, hay un consenso bastante ampliado en FLACSO México de que este marco es orientador más no prohibitivo”, planteó.

La doctora Ligia Tavera Fenollosa mostró cuatro mecanismos institucionales para comprender cómo la IA interviene en las aulas: la amplificación de capacidades previas, la delegación cognitiva, la opacidad epistémica y la desinstitucionalización pedagógica.

La académica alertó que, lejos de ser un recurso nivelador, esta tecnología suele acentuar las disparidades existentes, ya que los estudiantes con mayores bases conceptuales la aprovechan mejor.

Para cerrar, acotó que la desinstitucionalización pedagógica obliga a los educadores y alumnos a depender de la experimentación individual ante la falta de directrices compartidas. Bajo esta perspectiva, sostuvo que la incorporación de estos programas exige discutir preguntas profundas sobre la producción de conocimiento. “La inteligencia artificial no solo apoya la asimilación de conocimientos, lo reconfigura, lo transforma”, concluyó.