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La UAM participa en restauración del bisonte en Sonora, tras siglos de ausencia

El nacimiento de diez crías nativas en la reserva Cuenca Los Ojos, marca un paso histórico en nuestro país


Clara Grande Paz

Después de más de doscientos años de ausencia en Sonora, el bisonte regresa a este territorio con el nacimiento de diez crías nativas como parte de uno de los proyectos de restauración ecológica más ambiciosos del país y en donde la Unidad Lerma de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)  participa de manera activa.

En febrero pasado un total de 29 ejemplares (19 hembras y 10 machos) fueron llevados por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) hacia la reserva Cuenca Los Ojos, ubicada cerca de la frontera con Estados Unidos y, a pocos meses de su arribo, vinieron al mundo los primeros becerros que formarán parte de la nueva historia natural del estado, entre los que se encuentra la hembra llamada Lista, en honor al doctor Rurik Hermann List Sánchez, quien formó parte de esta iniciativa. En entrevista explica cómo se originó su fascinación por el mamífero y la relevancia de esta propuesta.

El profesor investigador adscrito al Departamento de Ciencias Ambientales de esta misma sede, dijo que se busca que el bisonte recupere el significativo papel que desempeñó de manera histórica en el norte mexicano, donde había formado parte de la fauna original y “al revisar documentos arqueológicos y relatos de exploradores se constató que sí pertenecía a esta zona e incluso, fue una fuente esencial de alimento para los habitantes de Paquimé, Casas Grandes, durante 700 años”, detalló.

Diversos pueblos originarios del norte de México y Estados Unidos mantuvieron a través de los siglos una estrecha relación con esta criatura, ya que de él obtenían alimento, vestimenta y materiales para vivienda.

Sin embargo, el académico expuso que se registró un exterminio masivo como una forma de presión para desplazar a los indígenas y los Ndé, conocidos bajo el nombre genérico de “apaches”, quienes eran perseguidos. Al mismo tiempo, en el siglo XIX, la Revolución Industrial en Europa provocó que se llevaran cantidades gigantescas de su piel utilizada en bandas que permitían operar maquinaria.

Rememoró que hacia finales de la década de los noventa del siglo pasado se logró identificar vía aérea ejemplares cerca de la frontera.

“Se trata del animal terrestre más grande del continente americano, uno de los más carismáticos”, dijo. Fue entonces que al terminar el doctorado, me di cuenta que nadie estaba trabajando con este tema a nivel nacional, “lo que me llevó a especializarme y junto con gobierno, organizaciones, pobladores de Canadá, Estados Unidos, México y grupos originarios, comencé un trabajo en conjunto y una estrategia para su recuperación continental”.

Hacia 2009, se gestionó la donación de 23 ejemplares provenientes del Parque Nacional Wind Cave, en Estados Unidos, los cuales fueron trasladados al Rancho El Uno, reserva ecológica privada de más de 18,500 hectáreas, ubicada en el municipio de Janos, dentro de la Reserva de la Biósfera, en Chihuahua.

Esa primera manada reproductiva permitió más adelante su envío a otras regiones de conservación, como Maderas del Carmen, Coahuila, Cuenca Los Ojos, en Sonora, y se calcula que en menos de 20 años existen alrededor de 650 bisontes distribuidos en distintas entidades.

De acuerdo con el doctor List Sánchez esta es una especie clave. Su orina y heces fertilizan el suelo, en especial la materia fecal es usada por los escarabajos peloteros para poner sus huevos, la entierran y eso ayuda a mantener o reducir el carbono de la atmósfera; su pelaje lo utilizan aves para hacer sus nidos y si son presa de algún depredador, representan cerca de 800 kilogramos de carne, lo cual permite alimentar a muchos animales y dejar también nutrientes.

Una conducta característica es que se revuelcan y crean depresiones donde se acumula agua y en esos charcos cóncavos pueden reproducirse invertebrados o plantas, además se restriegan contra los arbustos o árboles y mantienen el pastizal como un ecosistema abierto, de ahí que se les conozca como “ingenieros de los ecosistemas”.

“Los pastizales son el bioma más extendido y en la actualidad el más amenazado; son el tercer almacén de carbono terrestre del planeta y en un mundo de cambio climático esto resulta muy importante”, dijo el biólogo.

Por ello, consideró que los bisontes forman parte de un plan para la rehabilitación de estos terrenos donde predominan las hierbas y pastos, las especies que ahí se desarrollan como los perritos llaneros, el berrendo e incluso, el posible arribo de depredadores naturales como el lobo.

Lo anterior es una pieza fundamental del modelo integral conocido como rewilding e impulsado por la Fundación y reserva natural Cuenca Los Ojos, que contempla la recuperación de hábitat y especies desaparecidas con planes a futuro que incluyen la introducción de castores, considerados restauradores de ríos y humedales.

El doctor List Sánchez manifestó que en esta labor no solo es fundamental la parte biológica, sino también la cultural, por lo que el grupo Ndé participa en ceremonias de traslado y recepción de los animales, como parte del restablecimiento identitario y de un estilo de vida que por mucho tiempo les fue negado.

Reconoció que aún existen desafíos como garantizar espacios amplios para el crecimiento de las manadas y definir mecanismos de manejo sustentable a largo plazo, así como el trámite para cambiar su categoría de “peligro de extinción” por “protección especial”, que contribuye a un mayor control sobre esta especie.