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El legado de Miguel Ángel Armella: ciencia al servicio del lobo mexicano

Del investigador de la UAM hablaron María de la Asunción Soto Álvarez y Jorge Servín Martínez


Nallely Sánchez Rivas

El fallecimiento de Miguel Ángel Armella Villalpando marca una gran pérdida para la comunidad científica y académica de México, ya que además de profesor Investigador del Departamento de Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), fue un apasionado de la biología y un incansable defensor de la conservación del lobo mexicano.

A lo largo de su trayectoria, se distinguió por su amor a la naturaleza, su curiosidad inagotable y su inquebrantable compromiso con la ciencia, logrando un legado que perdurará en los innumerables artículos científicos que publicó, en las investigaciones que impulsó y en las generaciones de biólogos que formó.

Desde su adolescencia, mostró un interés especial por el comportamiento animal, su camino en la biología comenzó en la UAM, donde, tras estudiar la carrera dedicó su mayor interés hacia la zoología. Más tarde, cursó una maestría en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México y finalmente obtuvo su doctorado en Comportamiento Animal en la Universidad de Arkansas, en Estados Unidos.

A lo largo de su formación, trabajó con diversos grupos de mamíferos, incluyendo murciélagos, roedores y carnívoros medianos como el coyote y la zorra gris, no obstante, su gran pasión siempre fue el lobo mexicano (Canis lupus baileyi), especie a la que dedicó gran parte de su vida profesional.

Al regresar a México tras obtener su doctorado, encontró en la ecología del comportamiento, el campo para canalizar su pasión por la investigación, situación que lo llevó a colaborar con diversos grupos de científicos e incursionar en estudios con insectos y aves; sin embargo, en 1998 tuvo la oportunidad de involucrarse en el estudio del lobo mexicano, un proyecto que marcaría el resto de su carrera.

Armella Villalpando se integró en ese año al Programa de Conservación del Lobo Mexicano, un esfuerzo binacional entre México y Estados Unidos, donde realizó investigaciones sobre el comportamiento y la fisiología de ejemplares en cautiverio, a fin de mejorar sus condiciones y facilitar su posible reintroducción en vida libre.

En esa etapa de su vida, fue responsable de la vocalía de educación ambiental, un área crucial para la difusión y sensibilización sobre la importancia de conservar esta especie en peligro de extinción, así mismo desarrolló materiales educativos como folletos y juegos dirigidos a niños y jóvenes, con el propósito de crear conciencia sobre la preservación de esa especie.

Uno de los momentos clave en su carrera fue su colaboración con María de la Asunción Soto Álvarez, con quien trabajó durante 25 años.

En alguna ocasión, la investigadora recordó que, “el doctor Armella me invitó a colaborar en la conservación del lobo mexicano, logrando comprar equipo necesario para cuantificar hormonas esteroides sexuales y también la hormona del estrés en parejas de lobos”.

Como colegas dieron lugar a importantes hallazgos científicos, uno de sus primeros artículos escritos describió las hormonas sexuales en la época reproductiva de una hembra de lobo, un descubrimiento clave ocurrió cuando encontraron una hembra en el zoológico de Aragón que presentaba dos ciclos reproductivos al año, algo inusual en esta especie.

Realizaron estudios sobre el impacto del estrés en comunidades de manejo ambiental de individuos en cautiverio y observaron cómo la perturbación de un encierro, causada por luces artificiales y ruido constante, afectaba el bienestar de esos animales.

“Él era muy bueno guiando a la gente, le gustaba mucho salir al campo. Íbamos con estudiantes, hacíamos viajes largos y siempre encontraba la manera de hacerlos divertidos. Tenía una relación muy especial con sus alumnos, muchos de ellos hicieron sus tesis de maestría y doctorado con los estudios del lobo, y siempre estuvo para apoyarlos.”

La comunidad universitaria lo recuerda como un hombre amable, cercano y comprometido con la formación de nuevas generaciones de biólogos. Fue jefe de Departamento y siempre buscó fortalecer las líneas de investigación de su institución, consolidando proyectos de impacto social y ambiental.

Armella Villapando recorrió numerosos encierros de lobos en México y Estados Unidos, estableciendo vínculos con investigadores internacionales y consolidando su presencia en la comunidad científica. Su participación en reuniones binacionales lo convirtió en un referente en la conservación del lobo mexicano, un reconocimiento que le valió el respeto y la admiración de colegas en ambos países.

Jorge Servín Martínez, otro de sus colegas cercanos, destacó su trabajo, pues a lo largo de los años, su presencia en congresos científicos y su incansable labor en el campo consolidaron su papel como una de las figuras más importantes en la preservación de esa especie.

“Recorrió toda Norteamérica visitando encierros de lobos, conociendo a la gente y colaborando con expertos. En las reuniones binacionales era un vocal clave en la educación ambiental y sus colegas en Estados Unidos lo estimaban mucho y lamentaron profundamente su partida”, puntualizó.