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Unidad Lerma impulsa acciones de gestión ambiental

Avanzan las acciones para aprovechar residuos y recursos en la Unidad


Rodrigo Peredo Rangel
Foto: Alejandro Juárez Gallardo

La recuperación de residuos orgánicos y materiales reciclables, la conservación de la biodiversidad y el uso responsable del agua, son ejes de una estrategia de gestión ambiental que la Unidad Lerma de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) desarrolla para integrar prácticas sostenibles a la vida cotidiana de su comunidad.

Por medio de seis proyectos, entre ellos CompostaClub, las jornadas de avistamiento de aves y arborización, el sistema de captación pluvial y las plantas de tratamiento de aguas residuales, la Oficina de Gestión Ambiental fomenta iniciativas que atienden las necesidades del campus y pueden extenderse a otros ámbitos.

Iniciativa del alumnado

Al nacer como inquietud del alumnado de Biología Ambiental por el volumen de residuos orgánicos que genera la Unidad, CompostaClub pasó de ser una iniciativa estudiantil a involucrar a las tres divisiones académicas. La bióloga ambiental Valeria González, responsable de la Oficina de Gestión Ambiental, informó que solo en el comedor universitario se producen entre 20 y 30 kilogramos diarios de estos desechos, a los que se suman cerca de cinco o seis kilogramos provenientes de las oficinas y entre 30 y 50 kilogramos de restos de poda, según la época del año.

Con la colaboración voluntaria del alumnado, los residuos se separan y trasladan a la zona de compostaje, donde se combinan con material seco de jardinería para favorecer su descomposición y obtener un mejorador del suelo empleado en las áreas verdes del campus o al aprovechamiento de integrantes de la comunidad.

De la mano con ECOCE

La estrategia de la Oficina de Gestión Ambiental incluye una colaboración con la organización sin fines de lucro ECOCE, que permitió instalar estaciones para recuperar plásticos y metales con potencial de reciclaje. Valeria González mencionó que, al cierre de 2025, se recolectaron cerca de media tonelada de estos materiales; sin embargo, una revisión general hizo viable identificar que una cantidad considerable de desechos reciclables aún termina en la recolección municipal, en vez de depositarse en los contenedores destinados a su recuperación.

El PET, distintos tipos de polietileno, materiales de empaque, aluminio y hojalata forman parte de los productos recuperados. ECOCE realiza el acopio mensual y los canaliza a plantas de tratamiento. Para la especialista, uno de los principales retos consiste en transformar los hábitos de separación, tarea en la que estudiantes colaboran con campañas visuales, videos e infografías.

Pajarear

El conocimiento y el estudio de la biodiversidad constituyen otro eje de trabajo de la Unidad Lerma, cuya ubicación favorece la presencia de numerosas especies propias de la región lacustre. González detalló que las jornadas de avistamiento de aves, guiadas por el egresado en la licenciatura de Biología Ambiental y especialista en ornitología, Alexis Gómez, buscan acercar a la comunidad a esta riqueza natural a través de recorridos por el sendero interpretativo Los Capulines, lugar en el que se ha registrado la presencia de abejas, murciélagos y serpientes.

Entre las especies de aves observadas figuran la mascarita transvolcánica, endémica de la región, el carbonero mexicano, el papamoscas cardenalito, la piranga roja y el picogordo tigrillo, junto con diversas especies de colibríes.

De acuerdo con Valeria González, aunque estos recorridos tienen carácter recreativo, estudiantes de Biología Ambiental han planteado convertir los registros en estudios de diversidad que aporten datos para futuras acciones de conservación.

Plantar para crecer

A estas actividades se agregan las jornadas de arborización y creación de refugios para especies  polinizadoras, una iniciativa que favorece el desarrollo de la flora local y proporciona alimento a abejas, colibríes y murciélagos.

González destacó la colaboración de estudiantes e instituciones de educación media superior, algunas de las cuales han donado árboles que cuidaron antes de incorporarlos a la Unidad. La Oficina de Gestión Ambiental privilegia especies locales y promueve que la comunidad se involucre en labores de mantenimiento de las mismas , sin afectar a los organismos que habitan estos entornos.

Recolección pluvial

El aprovechamiento del agua pluvial forma parte de la infraestructura universitaria desde 2016. Según indicó González, las rejillas instaladas en los módulos “A” y “B” conducen el líquido hacia una cisterna con capacidad de dos mil metros cúbicos, para su reuso en los sanitarios. El ingeniero Guillermo Ibarra Nader, coordinador de Infraestructura y Gestión Ambiental en la Unidad Lerma, refirió que el recurso captado fluye por gravedad, mediante las rejillas, hasta un cárcamo, desde el cual se bombea a la cisterna para su posterior distribución a los núcleos sanitarios.

El sistema hidráulico de los edificios cuenta con líneas independientes para agua potable y agua de reuso, esta última procedente de la captación pluvial o del tratamiento de aguas residuales. En una década, la Unidad ha captado cerca de 20 millones de litros de agua y ha alcanzado una cobertura de hasta 50 por ciento de las necesidades de descarga de los sanitarios de los módulos “A” y “B”. La cisterna de agua pluvial tiene una capacidad aproximada de 2,000 m3 y en promedio, los dos millones de litros de agua de lluvia recolectada en la cisterna, en temporada, alcanzan para alrededor de 6 meses de abastecimiento del líquido en los muebles sanitarios que no son de contacto, durante la época de estiaje.

El ingeniero Ibarra Nader adelantó que se planea trabajar en un proyecto para extender la captación de agua pluvial derivado de las techumbres de los edificios “F” y “G”, y conducirla mediante equipos de bombeo más eficientes y de menor consumo de energía.

Tratar el agua

El ciclo del agua se completa con dos plantas de tratamiento que reciben el 90 por ciento de las aguas residuales producidas en la Unidad. Valeria González explicó que operan por conducto de un proceso de lodos activados, en el cual diversas colonias de bacterias utilizan oxígeno para degradar la materia orgánica.

Ibarra Nader apuntó que una vez que se estabilice al 100% las plantas de tratamiento y se produzca agua tratada que cumpla la normativa aplicable, ésta se almacena en una cisterna y se integra al sistema de reúso, que contempla su empleo para la recarga de humedales.

La eficiencia de esta infraestructura depende, en parte, de los hábitos de disposición de residuos de la comunidad universitaria. Plásticos, telas, papel duro, metales y colillas pueden provocar obstrucciones, en tanto que aceites, grasas, blanqueadores y otros materiales no biodegradables afectan la actividad bacteriana.

Por ello, Valeria González exhortó a evitar el vertido de estas sustancias y desechos en sanitarios, lavamanos, alcantarillas y tarjas de laboratorio. Ibarra Nader hizo hincapié en la responsabilidad colectiva de utilizar de forma adecuada los sistemas de tratamiento para preservar su funcionamiento y contribuir en la disminución de la huella hídrica.