Alertan sobre crisis de residuos sólidos y agua en Lerma
Iniciativa de la Unidad Lerma busca atender tiraderos clandestinos, rutas de acopio y vacíos normativos en el municipio
Maribel Lozoya Escalante
Ante una crisis que combina depósitos clandestinos, falta de infraestructura, presión urbana, contaminación de cuerpos de agua y ausencia de un reglamento local para la recolección, tratamiento y disposición de basura, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) trabaja el proyecto Desarrollo de un modelo integral de gestión de residuos sólidos para el municipio de Lerma: un enfoque sostenible e innovador.
La doctora María Gabriela Martínez Tiburcio, profesora investigadora de Unidad Lerma, explicó que la iniciativa busca generar información, propuestas técnicas y herramientas de política pública para atender una problemática que afecta a más de 33 mil habitantes del municipio.
En entrevista, la académica señaló que esta demarcación carece de un sitio propio para depositar sus residuos; los materiales de desecho se trasladan a otros territorios, sobre todo a Xonacatlán o San Antonio la Isla.
Esta situación implica recorridos largos, mayor gasto de combustible, uso de personal y presión sobre el servicio de limpia. Sin embargo, el fenómeno no se limita al destino final de los desechos.
En tres de las ocho regiones analizadas, entre ellas La Montaña, La Verónica y Llano de los Negros, el equipo de trabajo ha identificado cerca de 400 tiraderos clandestinos, ubicados en barrancas, caminos y laderas de las zonas altas.
El hallazgo modificó la lectura inicial de la situación. Esto se debe a que las condiciones del terreno impiden el acceso de los camiones recolectores; en otros casos, los residuos se queman, práctica que puede derivar en incendios.
A eso se suma la llamada “basura migrante”, proveniente de otras zonas, hospitales, fraccionamientos privados o rutas carreteras que cruzan la zona.
Para la especialista en Administración y Rendición de Cuentas, la gestión de desechos urbanos ha desencadenado otros retos ambientales, como la contaminación hídrica.
Los desperdicios acumulados generan lixiviados, líquidos que se forman cuando los materiales entran en descomposición y se mezclan con otros restos y lluvia, que arrastra sustancias contaminantes que pueden filtrarse al suelo hasta llegar a ríos, manantiales y ciénegas.
Debido a que Lerma se ubica en una zona de recarga natural, el manejo de esos líquidos resulta clave. En consecuencia, cualquier centro de transferencia debe contar con instalaciones para contenerlos, tratarlos y evitar que contaminen el subsuelo y las fuentes hídricas.
El estudio, que forma parte del Programa Institucional de Participación SINERGIA, analiza la posibilidad de instalar un centro de transferencia. Para lograrlo, la UAM revisó dos terrenos propuestos por el ayuntamiento, mediante estudios de permeabilidad y condiciones eléctricas.
Los centros de transferencia tendrían que permitir la separación de desperdicios y el manejo seguro de lixiviados, de modo que no afecten el subsuelo ni los sistemas hídricos.
El modelo contempla el diagnóstico de las ocho regiones de esta demarcación mexiquense, propuestas técnicas para mejorar las 60 rutas de captación, talleres de educación ambiental, participación ciudadana, alianzas con empresas para recuperar materiales reciclables o electrónicos, convenios con localidades vecinas y la elaboración de un reglamento local.
Este último registra un avance de 60 por ciento y será entregado al ayuntamiento para su revisión técnica y, en su caso, su presentación ante cabildo.
El proyecto interdisciplinario incorpora el trabajo de las tres divisiones académicas de la Unidad Lerma. Hasta ahora, estudiantes de servicio social, monitores y becarios se han sumado a la propuesta.
Entre ellos participa Jesús Neftalí Hernández Martínez, alumno de la Licenciatura en Políticas Públicas, quien centra su actividad en la coordinación institucional dentro del gobierno municipal.


