La era del transhumanismo, del diagnóstico predictivo a los implantes cerebrales
La posibilidad de ampliar capacidades físicas y cognitivas con tecnología avanza a gran velocidad
Emma Landeros Martínez
Hace algunas décadas, controlar una computadora con la mente pertenecía al territorio de la ciencia ficción. En febrero de 2024, un hombre paralizado de los hombros a los pies, logró mover un cursor, jugar ajedrez y navegar por Internet solo a través de señales cerebrales captadas por un implante neuronal. El experimento, realizado por la empresa Neuralink, reavivó la vieja obsesión de la humanidad por superar las limitaciones biológicas del cuerpo por medio de herramientas de vanguardia.
Lo que antes fue una escena de una novela futurista ahora se convierte en una realidad tangible, impulsada por avances en neuroingeniería, inteligencia artificial (IA) y robótica. Estos acontecimientos, que hace algunos años parecían imposibles, son ejemplos de una transformación que surgió con la llegada del transhumanismo, una visión del futuro en la que la innovación científica no nada más es para curar enfermedades, sino para ampliar las facultades naturales del ser humano.
Dicha corriente filosófica ya no solo se limita a debatir, también amplía las capacidades humanas gracias a la ciencia y los sistemas avanzados. Ojos biónicos capaces de devolver de forma parcial la visión a personas ciegas, prótesis controladas por impulsos nerviosos y chips cerebrales que permiten interactuar con dispositivos digitales, son algunos de los desarrollos que están redefiniendo la frontera entre lo humano y lo artificial.
La idea de fusionar máquinas y personas suele despertar fascinación y temor a partes iguales. Sus defensores sostienen que permitirá vencer discapacidades, prolongar la vida e incluso potenciar la inteligencia; sus críticos advierten sobre riesgos éticos, brechas sociales y la posibilidad de alterar de manera profunda lo que entendemos por naturaleza humana.
El maestro e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Xochimilco, Javier Palacios Neri, experto en transhumanismo, comenta en entrevista que “la dependencia tecnológica ya forma parte de la vida cotidiana”. Como muestra de lo anterior, menciona a la masificación de los teléfonos celulares y el desarrollo de herramientas que amplían el potencial biológico, desde lentes inteligentes y hasta exoesqueletos.
En ese contexto, subraya el rápido avance de las interfaces cerebro y máquina impulsadas por Neuralink y organismos gubernamentales como la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos (DARPA, por sus siglas en inglés), que buscan que las personas interactúen con sistemas digitales vía actividad cerebral.
Sin embargo, el profesor hace hincapié en que, desde su perspectiva, las principales preocupaciones se encuentran en los terrenos ético, económico y social. Considera que las mejoras técnicas podrían quedar restringidas a grupos con alto poder adquisitivo, ampliando las disparidades existentes entre países y dentro de las propias sociedades.
“El transhumanismo tiene un enorme potencial para crear mayores divisiones sociales entre una élite de seres humanos mejorados y quienes permanezcan en su condición natural”, asegura el académico.
Es así como la carrera por ampliar las aptitudes humanas ya no es una apuesta marginal de laboratorios futuristas, pero el acceso es desigual a nivel mundial. El informe conjunto Global Report on Assistive Technology de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), reconocido como el documento de referencia mundial sobre tecnologías de asistencia, indica que más de 2,500 millones de personas necesitan al menos un producto de apoyo y esa cifra superará los 3,500 millones para 2050.
El especialista también prevé posibles efectos en el mercado laboral, donde las empresas podrían favorecer a personas con herramientas integradas, relegando a quienes no tengan acceso a estas mejoras. Precisa que el verdadero desafío no radica en desarrollar nuevas herramientas, sino en decidir quién podrá beneficiarse de ellas y bajo qué condiciones.
Además, el maestro Palacios Neri plantea que el debate sobre el transhumanismo no puede separarse de los desafíos globales que enfrenta la sociedad. Apunta que, en un contexto de crecimiento demográfico, crisis ambientales y asimetrías económicas, los nuevos desarrollos no estarán al alcance de la mayoría de la población y se podrán convertir en privilegios reservados para unos cuantos. A su juicio, el riesgo no es nada más técnico, sino político y social.
Por ello, la búsqueda por extender la salud y la vida humana se ha convertido en una industria multimillonaria. De acuerdo con un informe de la firma de análisis de mercados Emergen Research, el mercado mundial de innovaciones y servicios relacionados con la longevidad y el antienvejecimiento fue valorado en 29.6 mil millones de dólares en 2025, y podría alcanzar un aproximado de 72.2 mil millones de dólares para 2035.
El estudio atribuye este crecimiento al aumento de la inversión en terapias destinadas a retrasar el envejecimiento, mejorar la calidad de vida y prolongar los años de existencia saludable, objetivos que coinciden con las aspiraciones planteadas por el transhumanismo.
Para el coordinador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Departamento de Administración de la Unidad Azcapotzalco, doctor Óscar Lozano Carrillo, la relación de las personas con su propio cuerpo está cambiando a partir del uso de la inteligencia artificial. Mientras que de forma tradicional este se conocía mediante síntomas y experiencias, hoy puede analizarse con datos generados por sensores, algoritmos y modelos predictivos.
“La inteligencia artificial está convirtiendo al cuerpo en una fuente permanente de información analizable”, explica el académico, quien detalla que en la actualidad existen sistemas capaces de detectar ciertos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y alteraciones neurológicas con niveles de exactitud que, en algunos casos, superan la pericia de los especialistas.
La afirmación del especialista encuentra respaldo en diversos estudios recientes. En el campo del cáncer, una investigación publicada en 2025 en la revista Nature Medicine documentó la implementación nacional de sistemas de inteligencia artificial para la detección de cáncer de mama con mamografías, con resultados que mejoraron la identificación temprana de casos sospechosos.

En dermatología, una revisión y metaanálisis publicada en NPJ Digital Medicine en 2024 concluyó que la combinación de médicos e inteligencia artificial incrementa de manera significativa la certeza diagnóstica del cáncer de piel. Por otra parte, un estudio difundido por Nature Medicine en 2024 mostró que modelos de IA aplicados a resonancias magnéticas cardíacas alcanzaron niveles muy altos de fiabilidad para detectar 11 tipos de enfermedades cardiovasculares e incluso superaron a cardiólogos en el diagnóstico de hipertensión arterial pulmonar.
El doctor Lozano Carrillo hace referencia a los llamados “gemelos digitales”, réplicas virtuales creadas a partir de la información biológica y médica de una persona. Según expone, estos modelos permiten experimentar con posibles tratamientos y anticipar alteraciones de salud que podrían presentarse en el futuro.
“Con un gemelo digital es posible simular enfermedades antes de que aparezcan en el organismo de un humano”, sentencia el investigador, al destacar que esta tecnología abre nuevas posibilidades para la prevención, el diagnóstico temprano y la personalización de los tratamientos médicos.
Mientras laboratorios, universidades y empresas avanzan hacia una era en la que será posible restaurar funciones perdidas, anticipar enfermedades e incluso potenciar ciertas destrezas cognitivas y físicas, la discusión sobre el transhumanismo deja de pertenecer al terreno de la ciencia ficción para instalarse en el presente.
En un mundo marcado por profundas desigualdades, el futuro podría no dividirse entre personas y máquinas, sino entre quienes posean los medios para rediseñar su cuerpo y quienes queden al margen de esa revolución.


