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La docencia, oficio en constante reinvención


Emma Landeros Martínez

Cada generación que transita por una universidad redefine el sentido de la docencia y obliga a replantear las maneras de comprenderla. Como advirtió Jean-Jacques Rousseau en el Emilio o De la Educación, enseñar es formar para la vida antes que solo instruir. Hoy, en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) ese principio se actualiza en la experiencia concreta de sus profesores. En el marco del Día del Maestro, los siguientes testimonios revelan no solo trayectorias, sino una mirada vigente sobre el conocimiento y su transmisión.

Maestro Miguel Pérez López,
profesor investigador del Departamento de Derecho, Unidad Azcapotzalco

El catedrático reflexiona sobre su experiencia pedagógica, y reconoce que uno de los cambios más grandes a los que se ha enfrentado es la tecnología, pues aporta beneficios indudables pero, advierte, también plantea desafíos en la calidad del proceso de la didáctica.

Por ejemplo, el uso de la IA, “no es un problema exclusivo de las instituciones públicas, sino una condición que atraviesa todo el sistema educativo. Existe una creciente dependencia a las pantallas y, al mismo tiempo, un distanciamiento de prácticas fundamentales como la lectura de libros y revistas”.

El objetivo, asegura, no es rechazar los avances informáticos, sino integrarlos sin perder de vista los hábitos que sostienen una formación crítica y profunda, comunica el experto en leyes.

Para él, es indispensable inculcar a los jóvenes que seguir subrayando un libro y tomar apuntes en una libreta no debería olvidarse. “Hace 10 años todo el mundo cuestionaba a Wikipedia. Hoy cuestionamos si en efecto un ser humano hizo el trabajo y si, además, reflexionó acerca de su contenido. De eso se trata, de inculcar el razonamiento, más allá de las máquinas”, puntualizó en entrevista el abogado Pérez López. 

Maestra Diana Ibet Román Sánchez,
profesora investigadora del Departamento de Tecnologías de la Información, Unidad Cuajimalpa

El deseo de la académica por impartir clases llegó cuando cumplió cinco años y, lejos de desvanecerse se fortaleció con lo que aprendió durante su permanencia estudiantil en la UAM y determinó su decisión. Uno de sus pilares fue el método de sus maestros del Departamento de Ingeniería Eléctrica, que ejercían con puntualidad, constancia y disposición para resolver dudas. Ese modo de impartir cátedra universitaria la marcó a profundidad y, con el tiempo, la convirtió en su propia vocación.

Hoy entiende el aula como un espacio colaborativo donde el estudio no se impone, se construye. Contrario a lo que se podría pensar, “uno de mis principales desafíos como docente no es disuadir al alumnado del uso de la Inteligencia Artificial (IA) porque sé que el Internet y ese tipo de herramientas siempre estarán ahí, sino motivarlos a que desarrollen sus propias habilidades, su criterio y su capacidad de análisis. Que la tecnología sea un apoyo no un sustituto de su pensamiento”, comenta en entrevista la maestra Diana Ibet Román Sánchez.

Confiesa que su mayor logro no es transmitir información, sino encender la curiosidad, provocar preguntas y acompañar el proceso de estudiar, comprender y dominar temáticas. Ahí se define la docencia en su mejor expresión, concluye.

Doctor Juan José Ambriz García,
profesor investigador del Departamento de Ingeniería de Procesos e Hidráulica, Unidad Iztapalapa

A lo largo de su trayectoria, el maestro Ambriz García ha sido testigo de profundos cambios en el magisterio y en la relación entre profesorado y alumnado. Recuerda que, en sus inicios, la cercanía generacional con la juventud facilitaba la comunicación. Hoy, en cambio, percibe una brecha más amplia, así como cierto desapego y falta de compromiso en algunos estudiantes.

“Están en la universidad, pero a veces parece que no terminan de involucrarse”; ahora, dice, resulta más complejo motivarlos y hacerles ver la importancia de su formación profesional.

También destaca la transformación tecnológica, es decir, se pasó de una educación basada en libros y bibliotecas, a un entorno digital donde incluso la inteligencia artificial interviene en el aprendizaje. Esto, advierte, exige mayor criterio por parte del alumnado.

En entrevista comenta que el papel del profesor es ser un facilitador que fomenta el gusto por aprender. Considera más importante desarrollar la capacidad de seguir superándose toda la vida que acumular conocimientos. A los nuevos docentes les aconseja enseñar con pasión, evitar la frustración y recordar que su labor es formar personas capaces de superar incluso a sus propios maestros.

Maestro Daniel Hernández Gutiérrez,
profesor investigador del Departamento de Estudios Culturales, Unidad Lerma

“Para mí, enseñar es asumir una función sustantiva para la sociedad y ejercerla al nivel de las necesidades de la comunidad. Implica aportar, acompañar y hacer equipo con el estudiantado. Es un compromiso que se sostiene en la convicción de que la docencia es una experiencia de crecimiento, formación y aprendizaje compartido”, explica el maestro Hernández Gutiérrez.

En ese tenor, define que no es lo mismo cómo aprendían las generaciones anteriores a como lo hacen las actuales. El cambio no es solo tecnológico, sino sociocultural. Por ello, enfatiza, desde el trabajo docente es necesario mantenerse atento, actualizarse de forma permanente y replantear metodologías.

Más allá de posturas punitivas o del simple desconocimiento, se trata de guiar a los jóvenes para identificar sesgos, cuestionar la información y fortalecer el pensamiento crítico. En esa ruta, el papel del profesor se redefine como el de un mediador activo que observa, orienta y ajusta su actividad para responder a nuevas técnicas de producción de saberes, sin perder de vista que cada cambio exige una adaptación pedagógica continua.

“Innovar en los métodos educativos es clave para responder a las exigencias del aula contemporánea”, asegura.

Doctora Sofía de la Mora Campos,
profesora investigadora del Departamento de Educación y Comunicación, Unidad Xochimilco

Para la catedrática, en una época regida por la tecnología, uno de los mayores retos de la educación no es la inteligencia artificial en sí, sino lograr que el estudiantado formule sus propias interrogantes y desarrolle su ruta personal. Asevera que la enseñanza debe impulsar el deseo de aprender, la autonomía y la facultad de participar de forma activa en la creación de su entorno profesional, sin esperar a que alguien más resuelva por ellos.

“Para mí la docencia es un ámbito que me estimula y me impulsa a estar en preparación permanente, en toda la extensión de la palabra, no se limita a los contenidos para aportarlos a los estudiantes, incluye entender quiénes son, a dónde van y qué es lo que buscan estas juventudes”, explica la doctora De la Mora Campos.

Cada grupo es distinto, con necesidades y personalidades diversas, advierte. “Por ello, no se trata de imponer conocimiento, sino de propiciar su encuentro con él”. En ese contexto, educar conlleva abrir posibilidades, reconocer diferencias y sostener un aprendizaje vivo, capaz de transformarse junto con quienes lo construyen.